¡Me parece increíble!, ¡Cómo pasa
el tiempo!, no me creo que ya hayan pasado tantos años desde que
escuché tu nombre por primera vez, en concreto 17 años y lo
recuerdo como si fuera ayer. Aquel 13 de septiembre de 1996 por la tarde empecé a sentirte. Al principio durante las primeras horas,
aunque me extrañó tu presencia, no le di mucha importancia pero
conforme fue avanzando la noche recuerdo que me impacienté un poco.
Estuviste como anónima durante unos meses hasta que después de
numerosas pruebas médicas se reveló tu nombre: “Esclerosis
Múltiple”.

Pero a pesar de todo, tengo que
reconocer que en cierto modo te tengo que agradecer ciertas cosas que
he aprendido a lo largo de todos estos años por estar a mi lado,
como por ejemplo, a crecer y ser más fuerte espiritualmente, a
valorar cada día que pasa, poner los pies en el suelo y poder
caminar por mi misma, a no pensar en el mañana, sino en el presente
y vivirlo lo más intensamente que pueda..., a quererme a mí misma y
a luchar y pensar constantemente que soy mucho más fuerte que tú.
Me considero amiga de mis amigos, no
soporto la falsedad y la traición, por eso a pesar de tu larga
compañía siempre estarás en segundo plano y no conseguirás
vencerme jamás.
“La fuerza no viene de la capacidad
corporal, sino de la voluntad del alma”.- Gandhi.